sábado, 27 de abril de 2013

Concurso CdlD

¡BUENOS DÍAS PEQUEÑOS CROQUETEADORES! A ver, planeo hacer un concurso por las 2500 visitas y otro por las 5000 visitas. La cosa es que no me decido. Habrá uno ''A'' y otro ''B''. Comentad diciendo cual preferís para las 2500 visitas, que es el más próximo.
A: 
Consistirá en decirme por e-mail (lap013@hormail.com) o por un tuitlonger vía Twitter (@LauraHistorias) cual es tu frase o texto preferidos de Culpable de la Distancia. Por ejemplo, si es ''Croquetea, pequeño ser humano, etc'' decir algo a lo ''Es mi frase preferida porque...'' y así. Yo votaré la gracia que me ha hecho, lo que me ha gustado y lo que me ha emocionado. 

B: 
Consistirá en, por Twitter, durante una semana, ir poniendo frases de CdlD. Habrá que poner al principio de la frase un seudónimo (por ejemplo, HelaS) y yo contaré todos los días entre seis y media y siete las frases que lleváis (a esa hora no podréis twittear frases). Se utilizará un HT (#CDLDC [Culpable de la Distancia Concurso]). Al final de esa semana diré quien ha ganado.

PREMIOS: 
El premio de ambos concursos será que podréis elegir el sexo, personalidad, nombre y aspecto de un personaje importante de la segunda parte.


Para hacer el concurso tengo que llegar a las 2500 visitas antes de que comience la segunda parte, por eso os lo pido con tanto adelanto, porque aún quedan bastantes capítulos de Culpable de la Distancia. 
¡Votad en los comentarios si A o B! 
Gracias, 
Laura.

viernes, 26 de abril de 2013

Capítulo 14-- Levanta, croqueta.


--Alissa, tranquila...  --dijo Dea.
Eran las tres de la mañana y Dea estaba sentada en la cama de mi sótano con lágrimas en los ojos. Yo me encontraba sentada en una balda del armario empotrado abrazándome las rodillas con la barbilla apoyada en una de ellas. Las lágrimas a penas me dejaban ver a Dea, que se había molestado en vestirse para venir a mi casa.
--¿Tranquila? --suspiré.
Dea iba a responder, pero sonó su teléfono, un tono de un mensaje. Lo miró y se puso blanca. Fue a guardarse el teléfono y pregunté:
--¿Qué pasa?
--Nada...--susurró.
Me levanté corriendo y le cogí el teléfono móvil. Leí el mensaje: ''Dealia, soy Carol. No sé si Alissa te habrá avisado pero... Ayer operaron a Lucas y la operación se complicó. Ahora está muerto.''
--Ay --susurré. No dije nada más.
--Por eso no podías leerlo... --suspiró.
--Dea, no tienes que protegerme. El que me protegía era él. Y me recuerdas a él cuando... Cuando pasó lo de mi tío. ¿Te acuerdas como me protegió? ¿Cómo me trató al saberlo? Y el día anterior habíamos discutido. Porque el salía con... ¿Con Mía? Creo que fue por Mía. Y yo estaba celosa. Nunca se lo dije pero lo estaba. No sé por qué no le dije que le quería. Le quería y demasiado. Pero ahora no sé si lo sabe, que le amaba, que necesito su olor para sobrevivir... No sé que hacer, Dea. No lo sé --dije y rompí a llorar.
Dea se quedó en silencio. Era una de las cosas más serias que le había dicho en mi vida.
--Calla, tonta. Te mereces que alguien te consuele y como él no puede te consuelo yo, que para algo soy tu mejor amiga -- sonrió. Esa también era una de las cosas más serias que me había dicho--. Así que croquetea.
Y ahí se acabó lo serio.
--¿Que croquetee? Dea, ¿estoy llorando y me dices que croquetee?
--Croquetear es bueno para la salud--afirmó con una sonrisa.
--Dea, joder, eres tonta...--dije riendo entre lágrimas.
--Ni lo dudes. Pero no estés mal, príncipe mía.
Solté una carcajada sin poder evitarla.
--Princesa, a su servicio.
--¿No odiabas lo de levanta la cabeza que se te cae la corona?
--En mi caso es rueda pequeña, eres una croqueta.
--Que filosófico... --rió.

Salí de casa, una semana después. Había estado encerrada intentando no pensar en Lucas, pero al final me obligué a salir, así que me abrigué y salí a pasear
Me dije a mi misma que era una mala idea salir con el frío que hacía. Pero era peor quedarse en casa y pensar en Lucas, así que envuelta en una bufanda, el abrigo y las botas salí a pasear por la nieve.
Llegué hasta mi instituto y lo rodeé. Estaban quitando el banco roto de la zona donde estaba. Todos mis recuerdos de Lucas se iban. Quizá fuera lo mejor... Necesitaba olvidarme a Lucas y lo malo es que todo me recordaba a él. Las tardes en el teatro del instituto, mi jardín, la biblioteca, los libros... Mis mejores recuerdos eran con él. Y ahora eran los peores, los que me recordaban una enfermedad que ya odiaba lo suficiente,  que hacían que pensase en algo que hacía que me quisiese morir. Pero por otra parte no podía olvidar esos recuerdos, eran los mejores de mi vida. Punto.
Giré la esquina y me choqué con alguien.
Dylan.

martes, 23 de abril de 2013

Capítulo 13-- Lucas.


Recibí un grito por parte de mi madre diciéndome que más me valía ducharme si no quería morir de una pulmonía. Me daba igual morir de una pulmonía, mientras a Lucas no le pasase nada... Mejor me duchaba para que mi madre no se enfadase. Estaba cubierta de nieve y no me había dado cuenta. No me daba cuenta de nada, estaba demasiado preocupada y me daba miedo llamar. ¿Y si le había pasado algo a Lucas? 
No. No podía pensar en eso. Lucas era Lucas, no se podía morir.
Me metí en la bañera, llena de espuma y cogí un libro para hacer algo y no pensar. Me encantaba leer. Era como tener un amigo que no te hacía llorar, que te ayudaba sin llevarte la contraria, que siempre te decía lo que querías oir. Excepto cuando moría un personaje que te encantaba, ahí solías o tirar el libro contra la pared para levantarte y recogerlo para ver que pasaba después o bien echar a llorar sin poder leer porque las lágrimas te nublaban la vista. 
Pero, resumiendo, leer era lo único que siempre podía distraerme del mundo real, eso y la música. Eran las dos cosas que siempre podían hacer que mi estado de ánimo fuese de un extremo al otro. Pero en ese momento no. No conseguía alegrarme ni leyendo ni escuchando música. Lo único que podía hacer era llorar, pero las lágrimas me dejaban la cara congelada así que mejor no. 
Para cuando acabé de bañarme era la una. Había estado aproximadamente dos horas y media metida en la bañera. Y si me salí fue porque el agua empezaba a congelarse de verdad. Maldito invierno...
Me puse el pijama, una camiseta grande de manga larga y unos pantalones que acabé cambiando por un pijama de franela.
Puse música para seguir con mi libro, pero al final lo cerré. No me concentraba, solo podía pensar en Lucas, en que le pasaba, en por  qué no llamaba, en que si me llamaban y me decían que estaba bien probablemente me daría un infarto del alivio. 
Pensé en lo que significaba Lucas para mí. En las veces de niña que me acompañaba a la biblioteca, en que cuando iba sola siempre silbaba cuando pasaba por delante de su casa para ver si le dejaban salir, en que le quería demasiado. Era mi ángel de la guarda, siempre me había protegido y cuidado. Y no quería que fuese mi ángel desde el cielo.
De repente cambió la música a mitad de canción. Miré el teléfono extrañada hasta que me di cuenta de lo que pasaba. Madre, que estúpida.
Me llamaban. Me levanté corriendo a por el teléfono y lo cogí, casi cayendo al suelo cuando lo tuve entre mis manos. 
--¿Alissa? -- dijeron.
Era la madre de Lucas. ¡La madre de Lucas! Y ella estaba llorando. 
--¿Carol? --dije yo, cada vez más asustada.
--Sí, soy yo. Tengo que hablar contigo, Lucas me dijo que lo hiciera... --dijo. Le temblaba la voz.
Vale, iba a llorar. 
--¿Qué... ¿Qué ha pasado? Por favor --susurré.
--La operación de Lucas se ha complicado y... Ya sabes... Por eso no te ha llamado. Ahora está...--le falló la voz.
--¿QUÉ? --exclamé. 
Escuché un clac. Había colgado. 
Ya estaba llorando. Y se me helaban las mejillas.

Capítulo 12-- Edburga.


''Toc'', hizo el reloj cuando marcó las dos y media. Empezaba la operación de Lucas. Duraría unas dos horas, así que, con suerte, por la noche me llamaría. A no ser que le pasase algo, que en ese caso me llamaría su madre y yo... Dios, no podía pensar eso, no podía pensar que Lucas no sobreviviría, iba a sobrevivir, volvería conmigo. 
Suspiré. Le echaba de menos, maldita distancia. Maldito cáncer. El cáncer era el culpable de la distancia. 
Me vestí sin dejar de pensar en Lucas. Intenté meter los brazos por la pernera del pantalón vaquero azul y la cabeza en vez de meterla por el agujero para la cabeza la metía por el del jersey negro. Me puse unas botas, negras también y un abrigo, estaba nevando. Me encantaba la nieve, cuando nevaba en mi pueblo me pasaba el día fuera, normalmente. La verdad, me parecía algo melancólico que nevase el mismo día que operaban de cáncer a mi mejor amigo.
Una bola de nieve me golpeó en la oreja cuando cruzaba por la plaza del pueblo.
--¡Lo siento, Alissa! --gritó una niña.
Cuando se acercó la reconocí, era mi prima Cerissa, una niña rubia con el pelo recogido en dos trenzas y ojos azul verdoso. Me miró con una sonrisa desdentada que se le quitó al verme la cara. Me llevé la mano a los ojos. ¿Estaba llorando? No me había dado cuenta. Teniendo en cuenta que las lágrimas estaban medio congeladas, era preocupante.
--¿Qué te pasa, prima Ali? --preguntó ella con una voz demasiado adorable que solo pueden tener los niños de seis años. 
--Nada, Ceri --sonreí todo lo natural que pude --. ¿Con quién jugabas?
--Con Siaff y Lina. ¿Quieres acompañarnos a ver si te animas?
--No estoy triste, Ceri -- mentí.
Sonrió dulce y me cogió la mano arrastrándome con sus amigas.
--No te lo crees ni tú.
Dios, que lista era esa niña para tener seis años.
Llegamos donde estaban Siaff y Lina. Eran gemelas y además las hermanas pequeñas de Dea. Siaff era pelirroja y de ojos azules y Lina también, eran gemelas.
--¿Qué te pasa, hermanita Alissa? --preguntaron a la vez.
Esto empezaba a dar miedo. ¿Tan mala actriz era? Las miré con una sonrisa forzada y dije:
--No me pasa nada, niñas. Estoy bien.
--Somos pequeñas pero no tontas --susurraron. 
Vale, eran pequeñas, listas y pesadas. Vi una muñeca en el suelo y la recogí.
--¿De quién es? --pregunté para cambiar de conversación.
--¡Mía! --dijo Cerissa.
--¿Y cómo se llama?
--No tiene nombre, no se me ocurre ninguno --dijo frunciendo el ceño.
--¿Edburga? --propuse.
--¡Edburga no me gusta! --chilló.
No pude evitar reír. Lo de los nombres raros se le había ocurrido a Lucas cuando me había llamado Alessia Anacleta por primera vez. 
''Mejor no pensar en Lucas.'' pensé ''Me duele el corazón.''

Cuando las niñas se cansaron de jugar, llevé a Cerissa a su casa y luego a Siaff y Lina a la suya, donde me encontré a Dealia que me arrastró dentro y no me dejó salir.

Para cuando volví a casa ya eran las diez de la noche. Volví a mirar el reloj, ¿las diez de la noche? ¿Por qué no había recibido ninguna noticia de Lucas?

domingo, 21 de abril de 2013

Capítulo 11--Por el poder de la croqueta



En cuanto sonó la campana recogí la libreta, los libros y el estuche y salí corriendo por la puerta. ¡Ese día nos daban las vacaciones y operaban a Lucas! Habían pasado unos meses desde que Dylan me prometiese venganza --efectivamente, me había intentado tirar un globo de agua, el cual cogí, metí entre la camiseta y la espalda y exploté con la mano--. El curso había pasado rápido, demasiado rápido, temía por Lucas. Miré la hora. Le operaban a las dos y media, y ya era la una. Salí del instituto corriendo y fui hasta casa, cogí mi teléfono y le llamé.
--¿Sí? 
--Lucas... --suspiré. 
--¿Qué pasa? --dijo él. 
--Pensaba que no llegaba a hablar contigo antes de que fueses a prepararte para la operación.
--Llegar llegas, pero no tengo mucho tiempo...--suspiró.
--Bueno... Cualquier rato que hable contigo será bueno.
--Oh, me halagas --rió.
--¿Qué tal estás? ¿Estás preocupado?
--Sí --dijo--. No sé si volveré o si...
--Volverás. 
--No lo sabes, Alissa. Solo sabes que me van a operar.
--Y que te recuperarás por el poder de la croqueta de peluche.
--La croqueta de peluche no ayuda, pero gracias. Alissa, tengo más posibilidades de morir que de vivir, pero no debe afectarte si me pasa algo. Ya has estado varios meses sin mí, no te preocupes, sigue con tu vida.
--Lucas...
--No, Lucas no --me interrumpió--. Si me pasa algo, tengo algo para ti. No llores, no te preocupes, ¿vale? Si sobrevivo, te llamaré yo. Sino, mi madre, lo hemos hablado...--suspiro-- Alissa, sabes que yo quiero sobrevivir y volver contigo y pegarte con el peluche. Pero no sé si...
--¡Lucas, vas a sobrevivir! Por ti, por Dea... Por mí... No te vas a morir, no puedes. Sé que me llamarás tú, lo sé. Lucas, no te morirás, es una operación, una vez de pequeño te caíste de la cuna y sigues vivo.
--¡No me caí de la cuna, Alissa! 
--Era una buena ocasión para insultarte, pero es broma. Ahora en serio, has soportado mucho en tu vida y ahora no te vas a morir por una estúpida enfermedad.
--Sí me puedo morir, Alissa. Solo te pido que no estés triste, sabes que me pueden pasar muchas cosas, pero te quiero, ¿vale? Si me muero te querré desde el cielo. Y si sigo vivo te querré desde aquí pero siempre te querré. Y eso lo tengo claro desde hace años. Pero si me pasa algo, rehaz tu vida y olvídate de mí. No me necesitas.
--No puedo rehacer mi vida sin ti porque eres toda mi vida, porque eres lo que necesito para respirar, Lucas.  Te quiero más que a nada, y ya sé que es cursi. Pero sin ti nada es lo mismo, por eso solo quiero que sobrevivas, que vuelvas conmigo, que te quedes junto a mi.
--Siempre estaré junto a ti, Alissa. Solo que puede que no me veas, o no me sientas. Si me pasa algo acuérdate de mí, de las veces que te pegaba y hacía cosquillas en el suelo de tu sótano, que te tiraba al suelo cuando hacías una voltereta, de cuando a los trece años nos sentábamos juntos en el banco roto y apartado del instituto y nos rozábamos los dedos de la mano, de las veces que nos hemos besado y de como era antes del cáncer. Recuérdame así porque es como soy yo, como seré si vuelvo. 
--Volverás, Lucas. Volverás como que te pasaste llamándome Alessia la mitad del primer curso que estuvimos juntos, porque si no vuelves no podré vivir, Lucas. No podré.
--Si podrás, Alissa. Me tengo que ir ya... --suspiró-- Te amo más que a mi vida --colgó.
Estaba llorando. Lucas no, mi Lucas no. Iba a sobrevivir, yo lo sabía.

sábado, 20 de abril de 2013

Capítulo 10-- Perder una apuesta.


Respiré lentamente. ¿Demasiado peligroso? ¿Demasiado peligroso por qué? Como si me leyera la mente, respondió a mi pregunta.
--Demasiado peligroso porque me podría morir.
--Ah --dije, abrazándome las rodillas.
En ese momento entró Dea, con un zumo en la mano.
--Alissa, ven. Tenemos que irnos, me temo que me he dejado el gas abierto esta mañana. 
--¿Y los mandos?
--Los mandos no, pero el gas sí. Y aún así la casa puede explotar.Y si la casa se explota no será gracioso. Bueno, a no ser que al explotar aparezca un gato bailando con las manos en las caderas, pero dudo que eso ocurra.
--¿Los gatos tienen caderas? --preguntó Lucas mientras yo recogía mis cosas.
--Ni idea --Dea se encogió de hombros y me abrió la puerta--. Adiós, Lucas.
Le di a Lucas su regalo, la croqueta de peluche y fui hacia la puerta.
--Adiós, Lucas --dije yo, apagada --. Y suerte.
--¿QUÉ NARICES ES ESTO? --gritó riendo cuando vio la croqueta de peluche.

El lunes estaba otra vez en la mesa de mi instituto, jugando con mis dedos y esperando que Dylan no viniese. Quería romper ya, después del beso que me había dado Lucas lo tenía todo más claro que nunca. 
--Hola, preciosa...--dijo Dylan acercándose a mi y separándose de sus amigos.
--Dylan --dije yo poniéndole un dedo en los labios para que se parara --. Tengo que hablar contigo.
--¿De qué? --me miró, extrañado, levantando la voz.
--¿Tiene que ser aquí? 
--Sí --levantó la voz.
Oh, Dylan quería demostrar que habíamos salido. Pues no le iba a ser tan fácil.
--Tenemos que dejar de vernos --dije bastante alto.
--¿Por qué? --dijo, a gritos.
--Porque necesito tiempo para pensar... Me absorbes todo el tiempo, no puedo seguir pasando tanto tiempo contigo --inventé.
--Pero... Yo te necesito... --dijo.
Se le notaba que no me quería, que se estaba preocupando por la apuesta. Además no paraba de levantar la vista para mirar a sus amigos, que se estaban riendo.
--Sí, claro. Me necesitas para ganar una estúpida apuesta --le miré, furiosa.
Se quedó sin palabras. En ese momento entró el profesor y Dylan fue hasta su sitio,  se sentó y me miró, claramente sorprendido. Se ve que no se esperaba lo de la apuesta. Sus amigos se reían y le miraban, burlándose. Miré al profesor, que estaba explicando algo a lo que no estaba prestando atención mientras reía por dentro. 

--¡Alissa, Alissa, Alissa! --Dea entró en mi casa corriendo y saltó a mi lado en el sofá.
--¿Cómo has entrado? --grité riendo.
--Me ha abierto tu madre. Pero eso no importa, ¡Dylan dice que se vengará de ti!
--Dylan no puede tocarme un pelo a no ser que quiera quedarse estéril de una patada en sus partes --sonreí.
Dea rió alegremente.
--Pero ten cuidado, puede ser muy cruel.
--Sí, puede tirarme un globo de agua --reí.

Capítulo 9-- Demasiado Peligroso.


Entré en su habitación envolviéndole en un gigantesco abrazo y riendo.
--¡Alissa, ya, suelta, suelta! --rió él intentando apartarme.
--¡Nunca! Eres mi peluche --reí yo mientras Dea me apartaba.
--¡Me toca a mi! --exclamó abrazándole ella también.
--¡Me asfixiaréis! --gritó él.
Me senté a su lado en la cama mientras Dea se ponía en el sillón reclinable que había en frente. La habitación era deprimente y las ventanas daban al cementerio. Más deprimente aún.
--¿Qué tal? --dije yo, preocupada, mirándole a los ojos.
Esbozó una media sonrisa adorable y fue a pasarse las manos por el pelo, pero las bajó al darse cuenta de que, bueno, estaba calvo. También estaba más delgado, sería cosa de la quimioterapia. Pero seguía siendo Lucas, con sus ojos y su sonrisa. Y era lo que importaba. Eso y que por dentro fuese él y él siempre era... bueno, él.
--Bien, Alissita. Estoy bien y ahora no me preguntes que si estoy seguro de que estoy bien porque lo estoy --sonrió, cansado.
--No te lo crees ni tú, Lucas. Estás cansado y deprimido, se te nota en la cara --dije yo mirándole preocupada.
Me pasó un brazo por los hombros y Dea se levantó.
--Aquí sobro, os dejo solos un ratito, tortolitos. No hagáis nada que una croqueta no haría --dijo sonriendo y saliendo por la puerta.
--¿Que no hagamos nada que una croqueta no haría? --preguntó Lucas riendo.
Empecé a ponerme nerviosa. Lucas estaba muy cerca y estaba apretándome contra él con cariño.
--Sí, es una expresión suya --puse los ojos en blanco, riendo yo también y apoyando la cabeza en su hombro--. ¿Qué te pasa?
--Sus expresiones son extrañas --rió, y de repente se puso serio, sin responder a mi pregunta.
Le miré extrañada y me acordé de lo que tenía que contarme. ¿Qué sería? Iba a preguntarle, pero abrió la boca para volver a hablar.
--¿Te acuerdas de lo que te tenía que contar? --dijo mirándome.
Que si me acordaba, decía...
--Sí. Y tanto --reí.
--Luego te lo contaré...--sonrió-- ¿Bailas?
Solté una carcajada. ¿Quería bailar?
--Vale, sé que no bailas... --suspiró-- Pero quiero marearte --rió.
--De acuerdo, ven --me levanté y le cogí las manos, llevándole hasta el centro de la habitación.
Riendo, empezó a hacer que diese vueltas, esperando que me marease, riendo. Cuando me soltó, para demostrar que no estaba mareada, hice una voltereta sobre su cama y me quedé tumbada de lado, mirándole.
Se acercó y me cogió las manos pegándolas a la cama y agachándose para besarme, mordiéndome el labio, lentamente. Se separó unos milímetros de mi y susurró:
--¿Te cuento eso?
--Sí --dije sin dudarlo un instante.
--Adelantan mi operación a Navidad... --susurró.
--¿Por qué? --musité mirándole a los ojos.
--¿La verdad?
--Toda la verdad y nada más que la verdad.
--Es demasiado peligroso atrasarla más.